Blog de psicología

¿Quiero ser Mamá? Mi historia de (in)fertilidad

Un testimonio de una de nuestras psicólogas que nos habla sobre su camino en el mundo de la fertilidad/infertilidad y la decisión del embarazo.

Por Jazmin Infante Faura 4 min de lectura

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Nunca he sido una persona muy maternal, nunca he estado segura de si tener hijos era algo que realmente anhelaba. Reconozco que cuando era más joven tenía ciertos pensamientos adquiridos como parte de nuestra educación. Tenía en mente que me quería casar a los 28 y tener mi primer hijx a los 30. Los años fueron pasando y las formalidades de la cultura patriarcal se fueron desvelando como tal. Decidí convivir con mi pareja a los 30 y cuando mi cuerpo ya me pedía analizar a profundidad si quería ser madre o no, no estaba segura.


Recuerdo una terapeuta que me dijo “querer tener hijos es como tener hambre, o la tienes o no”. Me quedé pensando si esto era realmente así. ¿Todas las madres siempre quisieron serlo? ¿las mujeres van por la vida sabiendo a ciencia cierta si quieren tener hijos o no? Creo que no es el caso de todas.


En uno de mis chequeos ginecológicos, a mis 34 años, le comenté a mi ginecóloga que estaba empezando a considerar la idea de tener hijos. Me sugirió hacerme varios análisis y para mi sorpresa la famosa Hormona Antimuleriana me indicaba que, si lo normal a mi edad era tener un valor del 2 al 4, yo tenía 0.7.


Investigando y comentándolo con varias personas, me di cuenta que parece existir un pánico generalizado sobre la Hormona Antimuleriana. Averiguando más, veo que este es solo uno de los tantos factores que pueden influir en la fertilidad de una mujer. Descubrí que algunas amigas que tenían un valor igual o menor al mío quedaron embarazadas sin problema. De hecho, un par de ginecólogas que vi me dijeron que me calmara ya que eso no es una sentencia, a diferencia de otros doctores quienes apresuradamente sí me habían informado de dicha sentencia: muy pocas probabilidades de ser mamá.


Con ese veredicto de médicos alarmistas pro “tienes que ser mamá como sea”, surgió otro tema importante: el congelamiento de óvulos. La mayoría de doctores insisten en que lo mejor es congelar tus óvulos HOY. Tengas la edad que tengas, si quieres o no tener hijxs (porque después podrías arrepentirte) y si tienes una pareja estable, sugieren congelarlos ya fecundados.


La primera pregunta que se me vino a la mente cuando vi a la especialista en fertilidad: “¿Qué pasa si no tengo dificultades en quedar embarazada y nunca tengo la necesidad de usar esos embriones?”. Su respuesta fue hacer un silencio y cambiarme el tema drásticamente. Cuando hubo terminado su tema paralelo, le insistí diciéndole que no me había contestado la pregunta. Me dijo: “Bueno lo usas para tu segundo hijo”. “Y si no quiero otrx hijx o si quedo embarazada naturalmente?” le respondí. – silencio nuevamente- “Bueno, lo puedes donar”.


De pronto imaginé viendo en el parque a un hijo mío y de mi pareja pero que en verdad no era mi hijo, creo. ¿Así sería? No sé.

Me inquietó enormemente cómo la doctora hablaba de estos temas como si estuviéramos hablando de objetos, no habían emociones de por medio y esto sin mencionar el presupuesto económico que me iba anotando. Entendí por qué muchas personas venden sus bienes para poder solventar estos procedimientos que no son cubiertos por el seguro.


No juzgo a las personas que deciden hacerlo, esta es una decisión muy personal. Cada ser humano es todo un universo. Yo me pregunto: “¿Hasta dónde puedo llegar para tener unx hijx?”, ¿qué tanto control puedo tener yo para crear una vida?, ¿estamos alterando la naturaleza, las leyes terrenales, con estos procedimientos?, ¿me arrepentiré de no haber congelado mis óvulos?”. No lo sé, solo sé que el día de hoy no estoy dispuesta a endeudarme y a hacer pasar a mi cuerpo por una bomba hormonal.


Hoy acepto que, si no puedo tener hijos, pues no los tendré y si mi destino es tenerlos, así tenga 0.1 de valores de fertilidad, pues estos harán su trabajo.


No sería fácil atravesar este camino plagado de temores y ansiedades (entre otras emociones) si no contara con un apoyo psicológico que me ayuda a analizar mis propios juicios, exigencias, valores y poder llegar a una conclusión y decisión saludables para mí.


Si estás atravesando por un tema parecido, no dudes en pedir ayuda. Estamos aquí para apoyarte y transitar juntas este camino. 


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