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Me libero del cuento
donde yo soy la mala
y tú la buena
o yo soy la buena
y tú la mala
y con ello,
desde niñas aprendimos a rivalizar,
a tener miedo, a competir,
a mirar con sospecha
y llenarnos de miedos
para no crecer.
Me libero del cuento,
donde las madrastras
son malas y brujas y
desean siempre nuestro mal.
Conozco mujeres amorosas
que han cuidado,
amado e impulsado a hijas
aunque no sean de su vientre,
pero sí de su corazón.
Me libero del cuento,
donde hay un solo príncipe
y yo permanezco o dormida,
o limpiando entre cenizas,
o escondida en un bosque,
o atrapada en un castillo.
Como si en mí no hubiera fuerza
para rescatarme y salir yo a buscar
lo que mi alma necesita
y no siempre es un príncipe.
Me libero del cuento,
donde las reinas
y las brujas son inseguras y
llenas de envidia
por la belleza y la juventud.
Como si con los años no aprendiéramos
a encontrar nuestro lugar,
nuestra belleza sin rivalizar.
Me libero del cuento,
donde solo hay hermanastras,
hadas celosas,
sin figuras de mujeres
como hermanas,
compañeras,
que buscan sus propios sueños
más allá de la belleza
o de querer un castillo encantado.
Quiero una vida y no un cuento
donde las mujeres
encontremos paz
unas con otras.
Donde la unidad,
hermandad,
comprensión y lugar;
sea para cada una
desde su alma
y no desde su cuerpo.
Me libero del cuento.
Te libero del cuento.
En mi vida,
las mujeres que me rodean
somos hermanas.
Susy Landa